Para empezar a habitar verbalmente este espacio bidimensional – el folio en blanco -, me gustaría adelantarme y puentear, a través de cierta noción fotográfica, las Case Study Houses y el Lamento de las imágenes de Alfredo Jaar: decía Ansel Adams (fotógrafo americano del siglo pasado) que una fotografía no es un accidente, sino un concepto. Por consiguiente, la intención de estas líneas será, en parte, la de develar el concepto visual que aguardan las imágenes de Julius Shulman (quien fotografiara las Case Study Houses) y su trascendencia cognitivo-social en la época dorada del capitalismo americano. Pero vayamos por partes:
La segunda gran contienda del siglo XX (la II G.M.), catapultó a EEUU a la cima económica: su capacidad manufacturera se nutría de programas universitarios que habían apostado por la Investigación y el Desarrollo, introduciendo en el panorama de entonces, y como consecuencia de lo anterior, la mayor parte de las innovaciones técnico-científicas. Este crecimiento económico dejó tras de sí un gran acopio instrumental y de recursos en el sector industrial cuando se hubo sellado la guerra, pero EEUU vio en ello la posibilidad consecuencial de reconvertir la industria bélica y reciclarla dirigiéndola hacia la producción de bienes de consumo. Así, esta ferviente sociedad que tomaba como fuente de calor la hegemonía cognitivo-capitalista se vaporizó alcanzando, incluso, el ámbito de la vivienda.
Surgían, por tanto, las Case Study Houses (1945-1966): un conjunto experimental de viviendas residenciales patrocinadas y difundidas por la revista Arts & Architecture, gestada en Los Ángeles y capitaneada, entonces (1940-1962), por John Entenza. Un espacio cultural y bidimensional que cimentó sus códigos visuales en el trabajo proyectual de vivienda que Richard Neutra, Ray Eames y Charles Eames, Eero Shaarinen, Craig Elwood, Raphael Soriano y Pierre Koening llevaron a cabo, y que sirvieron como lienzo dinamizador del deseo humano en el ámbito residencial – y que sería inmortalizado por Julius Shulman.
Arquitectónicamente, este proyecto se materializaba direccionando la mirada hacia la demanda de las germinantes familias normativas de clase media y media-alta que habían incrementado su horquilla como consecuencia de la prosperidad americana de la posguerra, así como por el regreso de los soldados que marcharon al frente bélico. De esta forma, estas construcciones habitacionales que bebían del resplandor capitalista de la revista, buscaban economizar todo lo posible la mano de obra e incrementar de esta forma el capital. Como principal estrategia se buscó depurar la arquitectura, aliviando su pesadez, y apostando por sistemas de precisión que la máquina industrial posbélica permitía, alentando, de esta forma, un modelo arquitectónico fácil de (re)producir tempo-económicamente. Germinaba de esta semilla una arquitectura contenedora donde la sociedad pudiera empezar a verter todas sus necesidades más innecesarias (sociedad de consumo), y sentirse propietaria de la personalización de sus espacios estética y volumétricamente – por la flexibilidad que permitían.
Paralelamente, se ‘’bidimensionalizaron’’ estos espacios a través del objetivo de Julius Shulman que, subordinado a los intereses propagandísticos de la revista Arts & Architecture, conceptualizó en sus imágenes una cotidianidad ‘’kitscheada’’ [1] donde la ritualidad íntima de los espacios residenciales se pulveriza para alzarse como un ente que toma un carácter totalmente exhibicionista: sus espacios contenedores se construyen, tal y como avanzábamos, a partir de la materialización de un deseo que es síntoma de la seducción del inconsciente humano, y que no es más que el deseo de posesión material y la manifestación de esos bienes de consumo dentro de la caja arquitectónica. Además, se superpondrá un aliciente patriarcal que alentará a la mujer a volver al espacio doméstico – al espacio servidor de la cocina – después de que los soldados regresaran a casa y ocuparan los puestos de trabajo industriales que ellas habían desarrollado durante la guerra. Para ello, se embellecen las escenografías de la domesticidad con una idealizada figura femenina como protagonista de este espacio – ‘’su espacio’’.
Para ir cerrando estas líneas, y a propósito de la cita Ansel Adams inicialmente expuesta, rescatamos la razón de ser de El Lamento de las imágenes de Alfredo Jaar (una instalación consistente en una pantalla en blanco alegando en contra de la sustracción masiva visual de los poderes fácticos) para ligarlo con la ideología de las Case Study Houses y escindir de ellas una conceptualización visual que no es más que la confesión de que una correcta exposición (EV) de la imagen no es siempre antagónico a la ceguera (metafóricamente hablando): la idealización es subyugada por un interés hegemónico invisible, dejando fuera del encuadre cognitivo las artimañas fácticas.
[1] El término ‘’kitschear’’ se reinterpreta a partir de la noción ‘’Kitsch’’ heredada de Vanguardia y Kitsch (1939) de Clement Greenberg
(Micro)Ensayo para la asignatura de Introducción a la historia del Diseño, impartida por Fredy Massad.